El viaje Colectivo: Memorias del tranvía y el omnibus
Por: Oscar Mora.
12 de mayo de 2026.
¿Y si la historia del transporte público revelara más sobre nuestras ciudades —y sobre nosotros mismos— de lo que imaginamos? ¿Y si cada frenada brusca, cada pleito por un asiento y cada ruta olvidada fueran huellas vivas de un pasado que todavía respiramos? El Viaje Colectivo, de Guillermo Giucci, abre esa puerta: la del transporte como un espejo cultural, social y urbano que nunca dejamos de mirar, incluso sin darnos cuenta.
Guillermo Giucci es miembro de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación en Uruguay y Doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Stanford. Entre los temas que explora en su escritura e investigación están los imaginarios populares, la vida cotidiana y el transporte público, entre otros.
El libro explora el nacimiento y crecimiento de los tranvías y omnibuses en América Latina, desde finales del siglo XIX a mediados del siglo XX. El autor narra cómo algunas de las metrópolis más grandes de la región transitan del uso de los tranvías “a sangre” (tracción animal) a los tranvías eléctricos y posteriormente a los ómnibuses. En cada caso, se profundiza en cada caso sobre el contexto tecnológico, político, económico y social, así como las implicaciones que tiene en el diseño y planeación urbana, y en la vida de las personas.
Por ejemplo, describe que el sistema de tracción animal en los tranvías tenía ciertas desventajas evidentes, como baja eficiencia y alto costo de mantenimiento, porque obviamente son seres vivos. Además la población de estos animales era bastante alta en las urbes (en algunas ciudades norteamericanas llegó a ser de 1 caballo cada 7 personas) lo que generaba grandes cantidades de excremento en las calles, sumado al polvo que levantaban al caminar. Este conjunto de factores fomentó la búsqueda de alternativas con la tecnología, entre otras cosas, y resultó en la implementación del tranvía eléctrico.
Por su parte, el ómnibus (o autobús) tuvo una trayectoria parecida. Este existía desde la década de 1820 en ciudades como París y Londres, funcionando a tracción animal. Para cuando se inventó el sistema de combustión, el sistema de transporte colectivo en ómnibus ya tenía décadas de operación y era por lo tanto un mercado meta para los fabricantes de automóviles. Así, a principios del siglo XX se comenzó con la incorporación de estos motores en los ómnibuses, por las mismas desventajas que presentaba la tracción animal listadas arriba. Tuvo un desarrollo paralelo al tranvía eléctrico, sin embargo, lo superó por su fácil capacidad de implementación y la flexibilidad en las rutas, ya que no requería de infraestructura en las calles para poder circular.
Además, Giucci busca comprender a fondo los fenómenos sociales y experiencias individuales que derivan del uso del transporte colectivo, complementando el análisis técnico con un panorama más humano acerca de su funcionamiento. Narra la experiencia y percepción de los operadores y los pasajeros, algunas protestas y movimientos sociales contra el transporte, las dinámicas de género, la cultura y conocimiento popular que se crea, entre otras cosas.
Entre los movimientos sociales que se narran en el libro están una serie de protestas en Santiago y Valparaíso en 1888 y 1902, respectivamente, por el alza en la tarifa del tranvía. En el caso de Santiago, el alza fue de 2.5 a 3 centavos de peso, y el descontento de la población terminó en una congregación de más de 2mil personas en la calle principal de la ciudad y dejó un saldo de 19 tranvías volteados y 27 tranvías quemados. Lo más impresionante es cómo esta situación, más de cien años después, se sigue replicando en el presente. En la ciudad de Santiago en el 2019 la población de Santiago sucedió una manifestación varios días por el alza del precio del metro por cerca de 30 pesos chilenos, y resultó en decenas de unidades de metro incendiadas.
Dentro de todo lo que describe el autor sobre la cultura del transporte en las diferentes ciudades de América Latina a finales del siglo XIX resulta interesante la popularidad que tenían los conductores de tranvía eléctrico. El autor los compara con los pilotos de avión en la actualidad. Ese status social es producto de la novedad, visibilidad y prestigio inicial de este nuevo medio de transporte. Y siempre iban acompañados de un cobrador, un personaje que no solo se dedicaba a recibir el pago del pasaje sino a ser publicidad andante para la ruta, gritando y cantando, colgado hacia afuera de la puerta del tranvía o ómnibus, invitando a los pasajeros a subir. Sucedía así porque el transporte colectivo al inicio era un negocio más que un servicio público, ni siquiera estaba regulado por la ley, así que había que atraer clientes con música y un ambiente festivo. Y como consecuencia de esto cada ruta tenía cierta personalidad que impregnaba en el imaginario colectivo de las sociedades de aquella época.
Así, adentrándose de lleno en la época, el autor logra construir un panorama detallado y sensible de este breve período de la historia, que es el principal antecedente del estado actual del transporte y las ciudades. Leer El Viaje Colectivo es una experiencia reveladora; es sorprendente poder identificarse con situaciones que sucedían hace más de 100 años, y siguen sucediendo hoy en día. El autor muestra cómo y por qué se originaron muchas dinámicas, costumbres y tradiciones del transporte público que se mantienen hoy en día, un siglo adelante; también documenta y resguarda del tiempo muchas otras que existieron y desaparecieron en el camino.
Si bien el contenido del libro es valioso, a veces la forma deja un poco que desear. La narración comienza de manera cronológica durante los primeros capítulos, pero conforme se avanza, el libro comienza a organizarse por otros conceptos que no se hilan de manera fluida en la discusión. El autor hace saltos hacia adelante y hacia atrás en el tiempo y entre una selección amplia de ciudades, lo que en ocasiones complica seguirle el paso.
Dejando de lado lo último, el libro es un tesoro escondido que resguarda la historia de una época reciente que pareciera haber quedado en el olvido, pero que formó parte de nosotros y sigue teniendo repercusiones en cómo diseñamos y habitamos la ciudad. Si tienes interés por la historia del transporte, la movilidad urbana y la cultura popular, El Viaje Colectivo es una lectura recomendada.
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